Podrías dormir

Paul Éluard

Ese día, al mediodía. Ligera, te mueves, y ligeros, la arena y el mar se mueven.
Admiramos el orden de las cosas, el orden de las piedras, el orden de la claridad, el orden de las horas. Pero no esta sombra que desaparece, este elemento que duele, que desaparece.
Al atardecer, la nobleza ha abandonado el cielo. Todo se consume, aquí, en este fuego que se apaga.
Al atardecer. El mar ya no tiene luz y, como en los tiempos antiguos, podrías dormir en el mar.

El corazón

Pierre Louÿs

Jadeante, tomo su mano y la aprieto con fuerza bajo la piel húmeda de mi seno izquierdo. Y muevo la cabeza de un lado a otro y los labios sin hablar.

Mi corazón enloquecido, brusco y duro, golpea y golpea mi pecho como si fuese un sátiro aprisionado dentro de un odre. Ella me dice: “Tu corazón te hace sufrir…”

“Oh, Mnasidika, le respondí, el corazón de las mujeres no está ahí. Eso es sólo un pobre pajarillo, una paloma batiendo sus débiles alas. El corazón de las mujeres es mucho más terrible.

Es como una baya de mirto, arde en la llama roja y bajo una espuma abundante. Es ahí donde siento que me muerde la voraz Afrodita.”