A la mujer de la residencia de ancianas y ancianos

Phebe Hanson, Poema original

Me contaste que cuando tenías ocho años, recién llegada
de Checoslovaquia, tu profesora te hizo memorizar
un poema que empezaba “Recuerdo, recuerdo
la casa en la que nací”. Sin saber
nuestro idioma, te aprendiste orgullosa todos los versos,
los practicaste una y otra vez delante del espejo,
pero el día de la presentación, al levantarte para recitar
delante de las familias y el resto de alumnas y alumnos,
sólo lograste decir “Recuerdo, recuerdo”,
habías olvidado el resto, y te sentaste de nuevo, avergonzada.

Ahora vives en esta residencia de ancianas y ancianos de diez plantas de altura,
donde casi todos los días, durante el primer mes, llorabas, muy sola
porque tu hijo se había ido a otra ciudad y no había podido
llevarte con él porque su nueva casa no era
lo suficientemente grande. Me dices que a veces esquivas
al profesor de manualidades, que quiere enseñarte
a convertir botellas de lejía de plástico en comederos para pájaros,
te escabulles hasta tu habitación, sintonizas la cadena de radio de Bohemia,
y bailas descalza tú sola, como solías hacer
años atrás en la casa donde naciste.